viernes, 24 de febrero de 2012

Un café de atardecer





Descuelga y suena su voz,
palpita mi ser mi alma vibra.
Pliega en diez mi corazón,
De ella, no superé criba.


Y ahora, que concede
Con dolorosa facilidad
Las migajas del tiempo que no tiene,
No comprendo la amistad.

Ya no sé quien es
Y donde decidió marchar
La muñequita de la que me enamoré
Suplida por su mirar.

Interpreto un yo en mi papel
en cada café, siempre normal.
Tres de azúcar a verter
Y aun así, amarga ver su piel.

Ahora adormece más cada vez
con saberme, con saber,
pinta en oleos de intención
los sorbos del café

Cruza su mirada a hechizar
Y atraviesa mi ser
Con saña y crueldad
Sangrando si le da por desaparecer.

Se acaban los ínfimos instantes
No hay besos de despedida
El deseo es un cálido abrazarse
Se marcha y desvanece, bellísima.