miércoles, 29 de enero de 2014

Tal que...

Levanto la vista tal que pintor del lienzo tras uno y otro trazo. Observo, contemplo y busco el atisbo de originalidad que dé un sentido al capricho de redactar.

Tal que retratista que admira las facciones del modelo y buscando con entusiasmo y devoción la perfección, mas solo se contemplan movimientos del sincronismo general y acorde con el resto del vagón. Silencian acorbatados los bostezos, evitan gesticulación alguna que deje preveer su edad.

Tal que escultor que perfila con detalle, entornando su mirar para revista de su obra, obramos al unisono, febreando el constante invierno cada día, sin guía ni ilusión.

Tal que días como hoy, como ayer, se pueden ver la mañana y las próximas mañanas de las siguientes jornadas. Raros amaneceres, gélidas esperas, obscuras cortinas, obtusas opciones, mustias rutinas, nulas motivaciones, penumbras lloviznadas... Mas a sabiendas de no ser más que uno que suma sólo uno más, guardo una pizca de vida que rezagar en la punta del compás en las que soportar la inercia del dibujo a trazar durante estas frías jornadas.

Tal que prometedor delineante buscando la perfección, descubres el significado de lo utópico. Permites que la niebla que moja tu rostro despierte de tu ensoñación a un alma atusada por un futuro que nunca llega. No elegir nunca la opción más acertada es la marca denotada en cada uno de los rostros del anden.

Tal que un compositor en busca del acorde anhelado, vamos girando alrededor de un reloj, esquivando las agujas que giran muy deprisa, definiendo espirales de infinidad.

Día a día todo deja un confuso aroma a desaire, a desenfadada desigualdad. Mas aprendo a comprobar tal que un joven anciano comprende y valora cada segundo que se va dejando atrás.