jueves, 23 de junio de 2011

Las Princesas de mis cuentos



Tristes melancólicas sonrisas nos quedan, a cada una de ellas, como a mí, como a vos, tras los harapos rasgados que les dejaron por vestiduras a sus corazones. Como reinas de naipes que quedaron bocabajo camufladas entre Jotas, Sietes y Doses sobre la mesa del jugar a crear torres que las sostenía en lo más alto, como princesas Disney que esperaban a que tras el beso final todo fuera bonito, se quedaron sentadas a llorar las penas de un príncipe rana, o un príncipe que no era príncipe o que se convertía de nuevo en la bestia animal, que no vendría más, o bien, la simpleza de una indiferencia inmunda que generan en el héroe que las rescató, o rescataría del abismo que les atrapaba. Maldito el día dirán, maldita mentira, maldita traición, maldita... MALDITO.

Todas ellas fueron princesas en mis brazos saltando al vacío con la confianza plena de haberles entendido... No todos los que van de azul serán siempre príncipes, ni con coronas se coronan reyes y reinas... Por ellas reciben el premio de sostenerse en el pedestal que se merecen... No pudo ser peor para sentirse alegres que luego simplemente, todo se lo lleven...

Y qué es lo que lo que yo puedo hacer. No queda más que el recodo de haber sido un amante entregado, un poeta con pluma de oro en una mano y el amor en la otra, como inspiración, no necesitaba más para ser feliz. El frío y el calor, entremezclados, se lo arrebataron, para pintar lienzos en el cielo, en el suelo, en todos lados, para que mirar donde mirara descubriera que nada soy yo así, sin vos...

Ahora sé bien que se acerca el verano de los tristes acontecimientos de nuevo, se acerca para no volver más. Llegará tardío, tras fríos y aguas, avanzará con la ilusión de cada año y rebosará el vaso de la locura en su mediodía, allá donde las aguas cálidas de mares u océanos serán cálidas, Vendrán sus olas y corrientes para abrazar cada una de mis brazadas hasta perderme lo suficiente... Podré decir adiós a cada una de mis princesas cuán espíritu vacío de sensatez pueda sentir, mas esta vez no vendrán sus manos, ni su piel, a rescatarme otra vez, por fin, yaceré en la arena del desierto del que no podré retroceder, porque este es él, este soy yo, estas son las princesas a las que no les dejé ser protagonistas de mis cuentos...

Lo siento.