lunes, 13 de junio de 2011

Una vez...


Una vez estuve a punto de cometer una estupidez:

"Dónde habría puesto la pistola que con tanto esfuerzo conseguí, donde... Creía fielmente que se encontraría en el segundo cajón de la coqueta, entre a los recuerdos de vidas pasadas y la lista no escrita de cosas que me hubiera gustado hacer... Qué más darían ya ambas cosas. Por más que rebuscaba en el cajón, revolvía y revolvía dentro me dediqué a pensar en aquellos que ya no están, lo que dejaron, los que sí querían pero no les dejaron, no se dejaron o no estaban sencillamente. Deambulaban mis dedos entre las cosas que tenía, una china de un peta que no me fumé nunca, 10 tapones de los tequilas que no me bebí porque no tomaba alcohol, la caja de condones sin usar, porque, obviamente ni los usaba ni los usaría ya... Recordé a aquellos otros parias que como yo, buscaron su pistola, cuerda o cuchilla, y que sí encontraron... ¿y si no encuentro yo la mía, qué iba a hacer?


En ese momento me percaté que mi mano izquierda llevaba un rato tanteando el frío metal del cañón del arma sin darme apenas cuenta, la levanté (no recordaba que pesara tanto, la verdad) y mientras la deslizaba juguetonamente hacia mi sien volví a recordar a aquellos que encontraron el valor para tensar la cuerda, hundir la hoja o apretar el gatillo... Saqué todas mis fuerzas y tras unos minutos conteniendo la respiración, arrojé el arma al cajón de nuevo, otra vez, y envidié a mis semejantes con semejantes propósitos... a todos aquellos que sí lo lograron, que encontraron el valor, y les envidié...


Podéis dormir todos tranquilos: NUNCA, repito, nunca tuve ni tendré sus mismos huevos."