martes, 12 de julio de 2011

Noche

Se alzó dominante la noche hace horas, decido que se acerca el instante de apagar mi tenue luz de vida, arrecostando mi endeble carcasa sobre mi calma y comienza el habitual ritual de madrugada. Yo, no duermo, vendo mis últimos suspiros nocturnos al mejor postor. Se alza la maza y comienza la subasta... pasan las inútiles horas, y vuelco mi cuerpo al costado mas odiado, buscando el atisbo de sueño, que no cansancio tan ansiado. Sin premio y con el no diferente castigo de ser insomne, acaba mi legado con las pujas a cero.

No pienso, no cuento ovejas, nubes, cabras ni cuentos a mi alma, es una insatisfecha, una guerrera, y mantenerse expectante le asola, destruye y abruma... Marca mis horas, minutos y segundos con sangre en insaciable reloj deborando todo el tiempo: tic tac, tic tac, tic tac. Con cierta ironia rememoro los instantes en el agua peleando por dejar en la orilla, tras cada brazada, patada y submarina esos segundos perdidos en vida... tarde o temprano desembocas en una nueva orilla, volviendo a revivir las pesadilas, abiertas de nuevo las heridas y, de no ser así, uno se ha de relajar, ya que sabrá bien de qué es el lecho marino al posar en él sus inertes huesos...
Dormir, un deber y privilegio.
Descansar, una necesidad, un desprecio.
Relajarse, perderse y encontrarse
En cualquiera de los casos, soy urbano vagabundo en busca de limosnas de todos ellos... mientras tanto, seguiré buscando compañero de sueños en cada ventana del barrio, en cada cama de almas solitarias, abrazaros a la almohada, estrujarla, para que no pueda nunca mas usarla ni tristeza, ni soledad ni la melancolía que hasta que duerma, hoy nos acompañan.
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