miércoles, 2 de marzo de 2011

Preludio de lo que fui, de lo que seré (V)

Hoy, no soy quién para referirme a ti con poesía. Todas los dotes de composición, templanza, empatía y color han sido puestos en tus palabras. Hoy no soy nada más que dudas, como tus ojos al mirar lo que escribo. Quién tuviera la valía necesaria para darle aun más sabor a tus labios, más brillo a tus ojos, y más ternura a tus manos, quién perdiera la compostura, avergonzado ante tal escultura de la madre natura, quién, con incapaz solvencia de palabras, provocara un ligero atisbo de rubor en tus rosadas mejillas, quién pondría color a tu blanca, suave y cálida tez...

Que nada genere en ti amargas tristezas... lejos, muy lejos dejaremos juntos a las desesperanzas... Demos vuelta de página a los abruptos recuerdos, pongámonos en marcha, viajemos hacia nosotros, mirémonos, primero tú, a mí, luego yo, a ti, siempre el uno al otro, sonrisas, alegrías futuras, emoción y pálpitos de súbita impaciencia... palabras para no olvidar, para recordar, para recordarnos. Siempre cerca, todavía lejos, esta noche, como muchas otras, mis pies tienden a mirar en dirección al mar, desde donde mi mente y mis deseos sólo en ti piensan, se entretienen, cimbrean en la oscuridad, a tientas, mirándole por detrás de la mirada de tu luna, deseando que mi ser inunde en besos tus abrazos.