miércoles, 28 de septiembre de 2011

El lugar donde habito

En senderos de suelos asfaltados
De esos negros, en praderas grises,
Donde hierba y flores
No se distinguen del suelo acerado.
Donde los vidrios pelean los reflejos,
Más imposibles que los azules
en los ahumados cielos
De tantas ciudades insostenibles.
Buses, coches y metros,
Son sus inservibles insectos;
Suelos agujereados,
Impiden el buceo
De lombrices invisibles.
Lejano, lejanísimo, el navegar
Del viento de las estepas
Que dibujaba Lorca en sus poesias,
Así quedan, lirios y azucenas,
Matizadas ahora en mis poemas
Vestidas de fluorescentes
Luces de neones nocturnas.
Infelices rapaces deambulan
Cada noche a su caceria.
Siempre absortos, cegados,
Maleables a vanales melodías.
No queda alta hierba y campo
Que dejara a caracol y hormigas
Sin la luz de estrellas.
Mas, pobres de ellos, obtendrían
atardeceres faroladas,
Soles de noche y dia.
Perdimos las musas y sirenas,
En ebooks y telefonía.
Abandonamos a Quijotes y Sanchos,
Adelantamos con melancolía,
El pasar página de libros.
Trazo mil salmos, yo mismo,
El la pantalla del progreso,
Sazonando lágrima a lágrima,
Los mares en los que habito.
((En recuerdo a cada lloro producto de libros prestados antes de degustarlos))